Contando al poeta Whittier, éramos ocho almas en la habitación tapizada de azul, con chimenea victoriana en cuya repisa cuatro caballos de bronce iniciaban un eterno trote con su pata derecha, un número ecuestre propio de revista de variedades pasada de moda.
-¿Por qué estamos aquí?
Mi pregunta tenía la intención de provocar a Zú, a quien tenía sentado a mi izquierda, en el sofá blanco con estampado de pequeñas flores lilas
- ¿Y por qué Zala se parece tanto a él? y, yo ¿qué pinto aquí, si ya estoy muerto?
-Eso- dije, en apoyo de Ahmed.
Zú nos sonrió y el poeta, con su cuerpo etéreo y transparente, atravesó el velador y dos sillas georgianas - o de por ahí cerca- y declamó en contestación a nuestras palabras:
Amor sin muerte y siempre pleno
rebosando libérrimo y sin límite,
un eterno compartir, un todo entero,
pleamar sin reflujo, agua de vida.
Nuestros labios lo confiesan supremo
por sobre todo nombre que se nombra;
sólo el Amor sabe de donde vino,
sólo el Amor al mismo amor comprende.
-¿Y?- me encaré a Zú, Whittier se esfumó hasta convertirse en un punto de luz sobre la jarra de café aguachirri. Mientras tanto, Federico, Virgi y Zala cuchicheaban en el sofá gemelo, frente a nosotros. En ese momento la luz de la habitación parpadeó, disminuyó la intensidad y la penumbra se hizo entre nosotros; el hombre blanco, nos sirvió más café. Era el mayordomo.
Zú se rascó la rodilla sobre sus pantalones de algodón blanco, cruzó las piernas e hizo un gesto a Zala para que se callara.
- Todos vosotros tenéis una razón para estar aquí.
Federico y Virgi, asintieron, se notaba que estaban en el ajo por la complacencia que había en sus miradas, sólo faltaba que dijeran: pero si nosotros ya lo sabemos todo. La luz Whittier se hizo un poco más grande, como una pelota de tenis. Y Zala se cruzó de brazos, con el mismo gesto de Obama, su camisa arremangada hasta el codo le daba el aspecto que debe tener el presidente en el despacho oval cuando reflexiona sobre la pasta regalada a los ejecutivos de Wall Street.
-Sigue, por favor- Me sentía impaciente, no podía soportar tanta lentitud y circunloquio.
Zú, se apartó el flequillo del ojo derecho, el mechón blanco se adivinaba suave, qué pelo tan manejable, pensé
-Bien, la cosa es que la única mortal aquí, eres tú - su largo dedo índice me señaló y después recorrió al resto de presencias para añadir:
-Ellos y yo no existimos aquí en este espacio tiempo. Ni siquiera Ahmed es real en este planeta.
-Pero......- farfullé
-Ni pero, ni leches- contestó con aspereza Zú- y déjame acabar, tú eres parte de un experimento mental.
-¿Quéee ?
-Que te calles, he dicho y escucha: si te dijera que venimos del principio del tiempo, de la zona tenebrosa que hay en el origen de los Universos, no comprenderías, pero si te digo que en este planeta va a acontecer una transformación que tiene su origen en este país y en esta Casa y se encarna en un hombre, que hemos llamado Obama, y que en realidad significa BOA MA, buena madre en gallego vulgar, también significa buena mano.
La estupefacción y el aliento entrecortado me tenían mareada.
-¿En gallego? pero esto es un pitorreo o qué, no entiendo nada- dije y miré suplicante a Ahmed, que se iba desvaneciendo y ya sólo era una neblina con zapatos de rejilla.
El mayordono carraspeó antes de ofrecerme una pasta de té.
-No, gracias.
Zú me miró intensamente a los ojos y fascinada por su iris ambarino, escuché sus últimas palabras antes de caer dormida.
-Las mismas experiencias que has vivido, ficticias, desde luego, sólo existentes en tu mente, las han percibido idénticas, mil millones de humanos por todo el planeta. Y lo mismo que te digo a ti, ahora, lo estoy diciendo a las otras novecientos noventa y nueve
millones de individuas de este mundo, porque todas sois mujeres, en este mismo lugar.
-¿Por qué estamos aquí?
Mi pregunta tenía la intención de provocar a Zú, a quien tenía sentado a mi izquierda, en el sofá blanco con estampado de pequeñas flores lilas
- ¿Y por qué Zala se parece tanto a él? y, yo ¿qué pinto aquí, si ya estoy muerto?
-Eso- dije, en apoyo de Ahmed.
Zú nos sonrió y el poeta, con su cuerpo etéreo y transparente, atravesó el velador y dos sillas georgianas - o de por ahí cerca- y declamó en contestación a nuestras palabras:
Amor sin muerte y siempre pleno
rebosando libérrimo y sin límite,
un eterno compartir, un todo entero,
pleamar sin reflujo, agua de vida.
Nuestros labios lo confiesan supremo
por sobre todo nombre que se nombra;
sólo el Amor sabe de donde vino,
sólo el Amor al mismo amor comprende.
-¿Y?- me encaré a Zú, Whittier se esfumó hasta convertirse en un punto de luz sobre la jarra de café aguachirri. Mientras tanto, Federico, Virgi y Zala cuchicheaban en el sofá gemelo, frente a nosotros. En ese momento la luz de la habitación parpadeó, disminuyó la intensidad y la penumbra se hizo entre nosotros; el hombre blanco, nos sirvió más café. Era el mayordomo.
Zú se rascó la rodilla sobre sus pantalones de algodón blanco, cruzó las piernas e hizo un gesto a Zala para que se callara.
- Todos vosotros tenéis una razón para estar aquí.
Federico y Virgi, asintieron, se notaba que estaban en el ajo por la complacencia que había en sus miradas, sólo faltaba que dijeran: pero si nosotros ya lo sabemos todo. La luz Whittier se hizo un poco más grande, como una pelota de tenis. Y Zala se cruzó de brazos, con el mismo gesto de Obama, su camisa arremangada hasta el codo le daba el aspecto que debe tener el presidente en el despacho oval cuando reflexiona sobre la pasta regalada a los ejecutivos de Wall Street.
-Sigue, por favor- Me sentía impaciente, no podía soportar tanta lentitud y circunloquio.
Zú, se apartó el flequillo del ojo derecho, el mechón blanco se adivinaba suave, qué pelo tan manejable, pensé
-Bien, la cosa es que la única mortal aquí, eres tú - su largo dedo índice me señaló y después recorrió al resto de presencias para añadir:
-Ellos y yo no existimos aquí en este espacio tiempo. Ni siquiera Ahmed es real en este planeta.
-Pero......- farfullé
-Ni pero, ni leches- contestó con aspereza Zú- y déjame acabar, tú eres parte de un experimento mental.
-¿Quéee ?
-Que te calles, he dicho y escucha: si te dijera que venimos del principio del tiempo, de la zona tenebrosa que hay en el origen de los Universos, no comprenderías, pero si te digo que en este planeta va a acontecer una transformación que tiene su origen en este país y en esta Casa y se encarna en un hombre, que hemos llamado Obama, y que en realidad significa BOA MA, buena madre en gallego vulgar, también significa buena mano.
La estupefacción y el aliento entrecortado me tenían mareada.
-¿En gallego? pero esto es un pitorreo o qué, no entiendo nada- dije y miré suplicante a Ahmed, que se iba desvaneciendo y ya sólo era una neblina con zapatos de rejilla.
El mayordono carraspeó antes de ofrecerme una pasta de té.
-No, gracias.
Zú me miró intensamente a los ojos y fascinada por su iris ambarino, escuché sus últimas palabras antes de caer dormida.
-Las mismas experiencias que has vivido, ficticias, desde luego, sólo existentes en tu mente, las han percibido idénticas, mil millones de humanos por todo el planeta. Y lo mismo que te digo a ti, ahora, lo estoy diciendo a las otras novecientos noventa y nueve
millones de individuas de este mundo, porque todas sois mujeres, en este mismo lugar.-¿Ehhh? miré a mi alrededor, entontecida
- Que mil millones de mujeres junto a BOA MA vais a ser la vanguardia del gran cambio en este lugar de la galaxia, que lo sepas.El jueves 22 de enero de 2009, en un punto kilométrico de la AP-7 un camionero abrió la portezuela de mi coche que había ido a empotrarse contra la valla de la autopista.

-¡Señora! ¿Está usted bien?
-Sí, oiga qué está pasando ....la Casablanca, yo estaba con ...
-Nada, tranquila, ahora mismo llega una ambulancia y se la lleva, sólo ha sido un reventón de rueda.
-¿Qué día es hoy? pregunté con el sabor del aquel maldito café aún en la boca.
-Es jueves y hace un frío del carajo, tápese con la chaqueta.
THE END
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